Colossal: divertida excentricidad

Colossal, del director y guionista español Nacho Vigalondo (Los cronocrímenes), es un soplo de aire fresco que llegará a nuestras carteleras el 30 de junio, porque, créeme, no vas a encontrar nada como esta surrealista producción actualmente en la gran pantalla. Y se agradece, que queden directores valientes, que se arriesguen con historias originales, insólitas, que se resistan a la moda de revisitar lo que ha funcionado. Y así es esta, a ratos muy surrealista, historia de Vigalondo.

Gloria, muy bien interpretada por Anne Hathaway, es una joven autodestructiva con una adicción al alcohol y a los problemas, que regresa a su pueblo natal tras perder su trabajo y a su novio (Dan Stevens, Downton Abbey), donde se reencontrará con Oscar (Jason SudeikisSomos los Miller) un amigo de la infancia, y donde descubrirá que tiene mucho que ver con la aparición de un monstruo que está destrozando Seul. Y hasta ahí voy a leer, ya que lo mejor es no saber mucho más del argumento, y disfrutar con una mente abierta de esta increíble propuesta.

Una película que es fundamentalmente una comedia, sobre todo en su primera parte, la mejor, donde Vigalondo juega al despiste con nosotros, llevándonos a pensar que estamos viendo una metáfora de las consecuencias de una adicción al alcohol. Para después tirar por tierra todas nuestras suposiciones, sorprendiendo esta vez con una parte mucho más dramática que versa y critica las relaciones abusivas. Porque en esta Colossal nada es lo que parece y el desconcierto es el tono general.

Como decía, lo mejor de esta curiosa propuesta es su primera parte: surrealista y muy divertida. Una pena que el tono cambie radicalmente en la segunda parte, aunque el tema (el abuso) lo merezca, pero quizás ese sentimiento de “descoloque” es justamente lo que el realizador está buscando.

Los actores están estupendos en sus respectivos papeles, y hay que admitir que cuando Anne Hathaway deja de hacer películas tontas convence y mucho.

Supongo que esta Colossal (definitivamente) no es una producción para todos los públicos, ya que, para empezar, hay que aceptar por válida una idea argumental de lo más inaudita, pero es una pena, porque si se le da una oportunidad, sin duda merece muchísimo la pena.

Lo mejor: el sentido del humor de la primera parte y lo surrealista de la historia, por original.

Lo peor: el cambio de tono de la segunda parte y la pérdida de ese desvergonzado sentido del humor.

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