Dunkerque: sobrevivir 

En la guerra, tan solo un segundo separa la vida de la muerte. Nada es tan aterrador como el sonido de las balas silbando junto a tu cabeza, de las bombas estallando junto a ti o del motor de un posible avión enemigo. Y todo esto es algo que sólo podemos imaginar, intentar ponernos en la piel de hombres en medio del horror. Ahí es donde Christopher Nolan nos transporta, en medio de la playa de Dunkerque, entre los casi 400.000 soldados que quedaron acorralados por los nazis en la costa francesa sin casi esperanzas de retornar a casa.

Dunkerque es un goce para los sentidos, un ejercicio de estilo brillante, una producción sin casi diálogos que basa su fuerza en las imágenes, el sonido y, sobre todo, la impresionante banda sonora de Hans Zimmer. La puesta en escena, poderosa, nos muestra las escenas más bellas rodadas por Nolan hasta la fecha. Casi sorprende hallar tanta belleza en medio de una de las tragedias más crueles del ser humano como es la guerra, pero así es, los planos más sencillos (que no simples) componen una de las películas más plásticas de Nolan, más preocupado por hacer sentir que por contar.

Y aquí se encuentra el genio de Dunkerque, una de las producciones más emocionantes que he tenido la suerte de disfrutar en años. Una cinta que consigue trasladarnos toda la angustia de unos hombres que solo aspiraban a sobrevivir. Un sentimiento que prácticamente no te abandona durante toda la proyección, y que es provocado principalmente por las notas apremiantes de Zimmer (imposible no estremecerse con ese nervioso tic tac que persigue a los jóvenes soldados, haciéndose pasar por camilleros, en su larga y ansiosa carrera desde la playa hasta la embarcación).

Dejando la palabra casi de lado, la imagen y el sonido son los pilares fundamentales de esta extraordinaria producción, que no podría entenderse sin la música de Hans Zimmer, pero tampoco sin los efectos de sonido. Sólo falta sentir la brisa del mar en tu rostro y el olor a pólvora y muerte para creerte parte de la agonizante espera de un rescate que parece no llegar nunca.

El manejo del tiempo, algo típico por parte de Nolan, sigue marcando la narración de los hechos. Tres historias se entrelazan necesariamente: la de un joven soldado que intenta huir, por todos los métodos posibles, durante 1 semana; la de un patrón de barco que acudirá a la llamada de ayuda y viaja desde Inglaterra para rescatar a sus compatriotas durante 1 día; y la casi asfixiante misión, durante 1 hora, de un piloto por acabar con los enemigos y ofrecer a esos hombre una posibilidad.

Días, horas, segundos se diluyen en el abismo que deja una de las fuerzas más poderosas del hombre: la de sobrevivir. No tiene sentido diferenciar el paso del tiempo cuando se comparte un mismo e único fin: salir vivo o asegurarse de que el otro escapa de la muerte.

Se trata de provocar sensaciones, las más elementales, en la mente y, sobre todo, en las entrañas del espectador, siguiendo y casi poniéndose en el lugar de personajes anónimos. Sensaciones casi molestas, pero tan poderosas que solo podemos rendirnos al genio de quien ha podido elaborar esta intrincada tela de araña, donde ser un héroe significa a veces algo tan sencillo como regresar a casa.

Lo mejor: absolutamente todo, un filme que te atrapa y no deja un minuto de descanso; una producción que, a pesar de narrar un episodio de la guerra, se aleja de lo típicamente bélico para seguir a lo que verdaderamente importa: las personas.

Lo peor: los, afortunadamente, escasos mensajes patrioteros, totalmente innecesarios.

Un consejo: este filme debe disfrutarse en el cine, así que busca la pantalla más grande y el cine con mayor calidad que tengas cerca.

Dunkerque – 106 minutos – Director: Christopher Nolan – Intérpretes: Tom Hardy, Kenneth Branagh, Mark Rylance, Cillian Murphy, Fionn Whitehead, Damien Bonnard, Barry Keoghan, Jack Lowden, Tom Glynn-Carney.

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