La habitación: el universo en una cáscara de nuez

El mundo puede ser tan grande o tan pequeño como tú quieras verlo. Puedes mirar las estrellas y ver un universo infinito; o nacer confinado en una habitación y pensar que la realidad solo existe entre esas cuatro paredes. Para el pequeño Jack, solo su madre y la pequeña habitación en la que viven son reales. No hay nada más allá de una puerta cerrada con código, por la que aparece de vez en cuando el viejo Nick. Y ¿por qué habría Jack de cuestionar lo que siempre le ha explicado su madre, cuando su única existencia ha sido La habitación del título?

Todo cambia cuando su madre le confiesa que el viejo Nick es una mala persona, que la secuestró con engaños hace ya 4 años y desde entonces se encuentran atrapados en la soledad de un cobertizo. Jack jugará entonces un papel fundamental en los planes de fuga de su madre.

El gran acierto del director Lenny Abrahamson es la de mostrarnos esta dramática historia desde los ojos inocentes de Jack, interpretado magistralmente por Jacob Tremblay. Así, también el espectador irá descubriendo poco a poco todos los detalles de la terrible situación de esta joven apartada de su familia y del mundo, bien interpretada por Brie Larson, al mismo tiempo que el joven Jack.

Pueden diferenciarse dos claras partes en La habitación, una primera mucho más poética, intimista, pero también más impactante, que gira alrededor del gran amor y sacrificio de una joven, atrapada en una situación estremecedora, por su hijo y su deseo de protegerle a toda costa; y un segunda que muestra cómo el mundo exterior puede ser casi tan temible como el de una prisión, y cómo el sufrimiento de las víctimas no termina con la ansiada liberación.

Como comentábamos, es realmente impresionante el trabajo que realiza el joven Jacob Tremblay como Jack, sin duda una de las fortalezas de esta gran película. También hay que destacar el trabajo de Brie Larson, que realiza una buena interpretación, pero que queda eclipsada por la pasmosa naturalidad de su hijo en la ficción.

Igualmente, es de agradecer que Abrahamson haya renunciado, de manera muy inteligente, a exhibir en pantalla los momentos más escabrosos del confinamiento de la joven. Aquí se huye del sensacionalismo para centrarse, acertadamente, en la psicología de los personajes, en las consecuencias de las acciones y en el comportamiento humano.

Quizás la primera parte del filme resulte más deslumbrante que la que le sucede, pero eso solo es debido a que el inicio de esta producción es sencillamente brillante, al conseguir el realizador que todos formemos parte de esa existencia rodeada de una falsa irrealidad. Por ello, es comprensible que el resto de la narración pueda flaquear un poco si se compara con ese gran inicio.

Pero lo que importa es que el resultado final es una bellísima historia, a pesar de la terrible situación que nos narra, porque de alguna manera se consigue sobreponer la esperanza sobre el drama y la humanidad sobre la abyección.

Lo mejor: sin duda la interpretación del joven Jacob Tremblay.

Lo peor: que en varias ocasiones se busque la lágrima fácil del espectador, especialmente con la utilización de la música.

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