Mommy: atrapados

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Xavier Dolan, director de esta excelente Mommy, es un cineasta que no deja indiferente a nadie. Nombrado el “enfant terrible” del cine independiente por la prensa, niño mimado de los festivales más reputados, Dolan es de esos creadores que tienen seguidores y detractores a partes iguales.
Lo que ni siquiera sus detractores pueden negar es la originalidad y la diferencia que este joven cineasta aporta en su cinematografía. Además, recordemos que su impactante ópera prima, Yo maté a mi madre, parte de un guion – autobiográfico – escrito por él mismo cuando tenía sólo 17 años, y que dicha producción se estrenó cuando contaba solo con 19 años.

Mommy es el quinto filme del canadiense y coincido con otros críticos que señalan que éste es su mejor trabajo hasta la fecha. Pareciera que tiene similitudes con su primera obra, Yo maté a mi madre, especialmente por la turbulenta y difícil relación entre madre e hijo, pero Dolan se ha apresurado a recalcar que ambos proyectos son totalmente diferentes. No obstante, esta Mommy también trata las difíciles relaciones entre una madre viuda y su problemático hijo, a los que se unirá una vecina que aportará sentido, cariño y compañía a esta disfuncional familia.

Lo primero que llama la atención de Mommy es el hecho de que esté rodada en 35mm con una pantalla cuadrada; es decir, durante la mayor parte del metraje, solo podemos visualizar la mitad de la pantalla. Este ejercicio de estilo provoca la sensación, junto con la historia, de que los personajes se encuentran atrapados, constreñidos por las circunstancias, que se escapan de su control y a las que se ven incapaces de enfrentarse.

Así, los tres personajes principales permanecen prisioneros entre los límites de la cámara, cautivos en la soledad, tristeza e ira de su día a día; situación que sólo se verá rota por dos instantes de felicidad fugaces, luminosos y radiantes, exultantes en su brevedad y que aportan esperanza y optimismo a una historia compleja e incómoda.

Porque ese es otro de los rasgos que conectan la primera y la última obra de Dolan: la inusitada violencia emocional y verbal que inunda la creación del canadiense. Perturbadora y angustiosa, atrapa al espectador, que asiste intranquilo al devenir de una producción que esta vez sí deja algún resquicio para el optimismo, y que tan bien se encarga de enfatizar una excelente fotografía.

Para terminar, hay que destacar también el empleo de la música, que Dolan utiliza para generar sensaciones y dar forma a todo un cúmulo de sentimientos, convirtiéndola en otro personaje más de la trama, que completa la escena, transformándola por entero. Por momentos, las imágenes se vuelven poderosas y casi hipnóticas, mostrando un talento visual que se une a la larga lista de bondades del joven realizador.

Lo mejor: la fotografía; un tono más optimista en una historia de por sí oscura; el empleo de la música.

Lo peor: las interpretaciones de Anne Dorval y Antoine-Olivier, madre e hijo en la ficción, resultan poco naturales.

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