Nunca apagues la luz: suspenso en terror

Digo yo, que tampoco es tan difícil escribir un guion medianamente decente. Cuidado, que no estoy insinuando que sea fácil, si no cualquiera lo haría, pero afortunadamente por ahí hay mucha gente con talento capaz de escribir incluso auténticas obras maestras.

Que solo hay que esforzarse un poquito y poner una pizca de detalle para que los diálogos sean mínimamente interesantes; que esto no es Shakespeare, que solo hay que entretener un poco al respetable y mantener su atención entre susto y susto.

Pero cuando no se respeta lo más mínimo el arte de contar historias y se confía, demasiado, en mostrar al último ser de ultratumba, el resultado es esta floja y olvidable Nunca apagues la luz. Y si además la historia es ridículamente predecible y no se deja nada a la imaginación, resulta obvio que ni siquiera se ha intentado.

Porque el director, David F. Sandberg, se olvida de esa máxima de que sugerir es más efectivo que mostrar, porque no hay nada más terrorífico que nuestra imaginación. Así, al enseñarnos tan patentemente y desde el primer momento al “monstruo”, se pierde el poder que posee el insinuar, para dar paso a un demasiado evidente elemento de terror que se pasa de omnipotente.

Lamentablemente, no puedo hablaros de las interpretaciones del trío protagonista, encarnado por Teresa Palmer, Gabriel Bateman y Maria Bello, ya que tuve la suerte de poder asistir al preestreno y éste era doblado.

Lo mejor: explotar el irracional miedo a la oscuridad es siempre una buena idea.

Lo peor: descubrir que el guionista, Eric Heisserer, participa también en Arrival, la nueva producción de Denis Villeneuve, eso sí que es terrorífico y no la película.

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