“Star Trek: en la oscuridad”: Pura acción

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J.J. Abrams (serie Perdidos) realizó un más que digno trabajo en la revisión y puesta al día de la saga Star Trek, en la película homónima de 2009, donde nos presentó de nuevo a los míticos personajes que exploraban el espacio en la nave Enterprise, con una propuesta muy entretenida.

La continuación de esta remozada saga, esta Star Trek: en la oscuridad que nos ocupa, prometía ser uno de los blockbuster del verano, aunque de momento haya sido claramente superada en taquilla por el cine infantil y juvenil.

En esta ocasión, tras varios ataques contra la Flota Estelar, la tripulación del capitán Kirk (Chris Pine), siempre acompañado por el primer oficial Spock  (Zachary Quinto), será enviada con la misión de ejecutar al autor de los mismos, en el territorio vedado de los Klingon.

Star Trek: en la oscuridad puede definirse fácil y claramente como puro cine de acción. Y aquí encontramos sus virtudes y sus carencias. Las dos horas y doce minutos que dura esta producción comprenden una colección de escenas de acción que se suceden sin descanso, ofreciendo un vacío espectáculo.

Supongo que los amantes del cine de acción disfrutarán especialmente de esta fastuosa producción, que no permite tomar aliento al espectador, con una sucesión de persecuciones, luchas, amenazas y situaciones imposibles, perfectamente ensambladas y arropadas por unos efectos especiales sobresalientes.

Sin embargo, no se debe esperar nada más allá de todo ese espectáculo pirotécnico. La escasa línea argumental intenta mostrar una trillada historia mil veces vista con anterioridad: el de la confianza, la lealtad, la traición y el inicio de amistades imperecederas. A la práctica inexistencia de un guion, hay que añadir además el pobre y demasiado obvio desarrollo de los personajes.

Abrams, definitivamente, no estaba preocupado ni por la historia ni por sus personajes, concentrado como estaba en aturdir al personal con grandiosas escenas de acción, y por dejar su marca con esos molestos y absurdos destellos de luz que tan famoso le han hecho.

Lo más interesante de esta cinta es sin duda el refrescante personaje del malvado que toda cinta de género debe poseer: un ambiguo Benedict Cumberbatch (serie Sherlock), que encarna con convicción al temido Khan, y que cumple a la perfección con la ambivalencia que necesita su papel, dando auténtico miedo en muchas ocasiones.

Obviamente, se trata de una producción espectacular, que gustará a los amantes del cine de acción, pero que no ofrece nada más detrás de la cortina de humo que suponen sus impactantes escenas. La duración excesiva del filme, más de 2 horas, tampoco ayuda, sino que pone de manifiesto sus carencias.

Lo mejor: el personaje de Khan, interpretado por un ambiguo Benedict Cumberbatch, y la espectacularidad de muchas de sus escenas.

Lo peor: la falta de guion; la escena, ridículamente cursi, en que el capitán Kirk y Spock se despiden juntando sus manos a través de un cristal.

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