“The East”: oportunidad desaprovechada

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The East es como se autodenomina un grupo eco-terrorista, que utiliza la técnica del ojo por ojo para atacar a las grandes empresas y corporaciones, haciéndoles pagar los males que han ocasionado a la sociedad o al medioambiente.

Sarah, interpretada por Brit Marling, es una agente de una importante empresa de seguridad, que debe infiltrarse en el grupo con la finalidad de impedir los ataques y desenmascarar a sus integrantes.

Lo que parecía simplemente una nueva misión, amenaza con trastocar para siempre el mundo de Sarah, al ver comprometidas sus ideas, su misión, sus valores y su modo de vida, al simpatizar con los miembros del grupo y sus ideales.

La actriz Brit Marling, conocida por su papel en la muy interesante Another Earth, donde también firmó el guion y ejerció de productora, vuelve a repetir todos estos roles en The East, donde plantea importantes cuestiones morales al espectador. En un mundo donde los poderosos quedan impunes de sus delitos, ¿está justificado el tomarse la justicia por la mano y causar a los responsables el mismo dolor que han infligido? ¿Se puede simpatizar con las acciones de un grupo violento porque sus intenciones se vean justificadas por la necesidad de retribución?

También se plantea el compromiso de los principios cuando uno conoce las motivaciones ajenas, la otra versión de la historia, y la atracción de un líder carismático en lo que se podría considerar como una secta.

Y, sin embargo, todos esos fascinantes interrogantes no consiguen desarrollarse con la profundidad necesaria. El ritmo de la cinta es desigual, con momentos interesantes, junto a otros prescindibles o que se extienden demasiado. El supuesto líder, interpretado por Alexander Skarsgard (serie True blood), no consigue transmitir en ningún momento el carisma necesario para ser considerado un mesiánico guía. De hecho, la presencia de Ellen Page (Juno), que interpreta a otro de los integrantes de la banda, una actriz con mucho más talento y carisma que Skarsgard, nos hace pensar que ella es la verdadera conductora de la comunidad, aunque no sea la intención del guion.

El resultado por lo tanto es una irregular producción, que no ha sabido plasmar ni aprovechar unas premisas argumentales realmente interesantes, que se diluyen en una historia con altibajos, que no termina de conectar al 100% con el espectador.

Viendo esta película, no podía dejar de recordar otra, de temática similar, pero que realmente consigue sus objetivos: la estupenda Donnie Brasco, donde un gran Johnny Depp encarna a un agente del FBI infiltrado en la mafía, liderada, esta vez sí, por Al Pacino.

Lo mejor: las dudas morales y éticas que despierta, y que inducen al debate.

Lo peor: un final tan bienintencionado como poco realista.

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