1917: la magia del cine

1917 es el tipo de film por el que amo el cine. No hace falta más que analizar un poco la producción. No tiene un gran guion, de hecho la historia no puede ser más simple. Dos soldados reciben el encargo de entregar un importante mensaje, pero para ello deben atravesar la tierra de nadie, ese pedazo todavía ni reclamado ni ganado que separa los frentes enemigos. Y enfrentarse a posibles combatientes alemanes, en una misión contrarreloj hasta encontrar el batallón aliado, para avisarles de que se enfrentan a una trampa.

Y aquí es donde entra la magia, aquello que hace grande a un film. Y no es otra cosa que la mirada de un director excepcional, Sam Mendes, que persigue y pega la cámara a sus protagonistas durante todo el metraje. Y el efecto no es otro que el de sentir esta peripecia en primera persona. Porque la puesta en escena te sumerge directamente en las trincheras de barro, entre soldados exhaustos, heridos y asustados. Porque te hace sentir cada bala que silba en el aire, cada contratiempo encontrado en el camino, cada sobresalto. Porque te transmite el miedo, la responsabilidad hacia las vidas de otros, la devastación de la pérdida y el absurdo de la guerra.

Y para ello Mendes ha elegido encadenar una serie de planos secuencia (para que simulen ser uno único) durante los cada uno de los 119 gloriosos minutos de esta maravillosa producción. Porque en estos tiempos donde prevalece el no dar descanso al espectador, con productos de consumo rápido, con acción acelerada compuesta por planos/contraplanos y composiciones más propias de los videoclips, encontrar a un realizador como Sam Mendes, que recupera el Arte (sí, con mayúsculas) de crear y rodar cine es realmente inspirador.

1917 película

Y sirva la imagen que precede estas palabras para mostrar el excelente trabajo de fotografía. Porque además 1917 se rodó de manera cronológica (algo no demasiado común) y casi en tiempo real, lo que supuso un reto adicional para grabar bajo las mismas condiciones climatológicas. Aparte de asegurarse de la consistencia de las bellas imágenes, hay que quitarse el sombrero ante el trabajo de Roger Deakins, el director de fotografía, que no pudo iluminar los exteriores, pero consigue exprimir al máximo la luz y jugar con los claroscuros. Por cierto, no os perdáis su web donde responde dudas en la sección de foro.

Y por último reconocer especialmente la interpretación del protagonista principal, George MacKay (El secreto de Marrowbone), con el que es imposible no empatizar; y las breves apariciones de rostros muy conocidos (Benedict Cumberbatch, Colin Firth o Richard Madden), que enriquecen con su trabajo esta fntástica producción.

Lo más relevante de esta 1917 es como Mendes y Deakins han logrado que el espectador experimente la acción del film en primera persona, una experiencia inmersiva, como el mismo director de fotografía la denominaba. Y así, esta misión casi suicida, que lucha no solo contra los enemigos, sino contra el tiempo mismo, se vive intensamente como si se estuviera allí a cada paso del camino. Y sí, esa es la magia del cine.

Lo mejor: ya lo he dicho, todos y cada unos de los 119 minutos de esta obra maestra. Dos inspirados directores: el realizador (Mendes) y el director de fotografía (Deakins).

Lo peor: no se le puede poner ni una pega. Bueno, quizás sí, el trabajo de Dean-Charles Chapman (el Tommen de Juego de tronos), que creo no se encuentra al nivel que se merece esta producción.

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