A ghost story: la inmensidad del tiempo

Nada permanece. Poco importa lo memorable de tus acciones, que estas sean recordadas por millones de personas, que aparezcas en los libros de historia. Llegará un momento, en cientos, miles, millones de años, en que nuestro mundo desaparezca, y con él todo recuerdo de nuestra existencia. Esto es lo que nos recuerda uno de los personajes accesorios de esta inclasificable A ghost story. Pero, ¿y si pudiera haber algo que transcendiera los límites del tiempo? Esto justo es lo que nos presenta el realizador David Lowery en este poético filme donde las palabras casi no tienen cabida.

El título no engaña, esta es la historia de un fantasma, uno de esos típicos de sábana blanca y dos agujeros para los ojos. El de un hombre, interpretado por Cassey Affleck, incapaz de pasar al siguiente plano de existencia tras su muerte. Un fantasma que se niega a abandonar a su pareja (Rooney Mara) y que permanece obstinadamente unido a la casa que compartían.

Esta obsesión tan humana de dejar una impronta, de ser recordado, de no perderse en la memoria de los otros es uno de los ejes de esta producción, pero también la pérdida, la soledad y el dolor.

Y todo ello prácticamente sin palabras, con esa presencia hipnótica, poderosa y perturbadora de ese fantasma de sábana blanca. Una figura de la que no es posible apartar la mirada, que se erige en protagonista absoluto de cada una de las escenas, y que asiste, terco y mudo, y representa el sufrimiento de la pérdida de un ser amado, de una relación que no era tan perfecta como podría haber sido. La práctica ausencia de diálogos acentúa además la soledad y la frustración por no poder comunicarse y ayudar a esa otra persona.

Un filme que requiere de un espectador que disfrute más allá de unos efectos especiales inexistentes y que sea capaz de ver más allá de una simple tela blanca.

A ghost story es una propuesta arriesgada y profundamente distinta a cualquier tipo de cine convencional, que cuenta con una puesta en escena llena de poesía y fuerza. Y, aunque no sea una producción para todos los públicos, no puedo dejar de recomendarla para aquellos que busquen algo más en una película.

Lo mejor:que todavía queden productores valientes que se arriesguen a apostar su dinero a la historia de un fantasma de sábana blanca sin prácticamente diálogos.

Lo peor:el filme tarda un poco en encontrar su ritmo.

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