Ad Astra: la búsqueda

Parece casi imposible poder conectar el infinito con lo más íntimo. ¿Acaso es posible encontrarse a uno mismo dentro de la más vasta y absoluta soledad del espacio? Eso es exactamente lo que ha conseguido James Gray (La otra cara del crimen, La noche es nuestra, Two Lovers), realizador de esta maravillosa Ad Astra

Gray es un director que podríamos decir se encuentra obsesionado por diseccionar las relaciones humanas y los sentimientos más profundos en cada uno de sus filmes. Sus personajes vagan de manera constante en busca de algo que les ofrezca sentido. 

Y Ad Astra no es una excepción. Una producción que muestra dos búsquedas, diferentes entre sí, pero condenadas a encontrarse en medio de las estrellas. La de Roy McBride, interpretado por Brad Pitt, tras la figura de un padre ausente; y la de éste, Clifford McBride, encarnado por Tommy Lee Jones, que desea encontrar la eterna respuesta a si estamos solos en el universo. 

Ad Astra Brad Pitt

La inmensidad inabarcable del espacio puede albergar respuestas a los grandes misterios de la humanidad sí, pero también ofrecer redención y liberación, para un personaje, el de Pitt, cargado de remordimientos, que debe enfrentarse a sus errores, a sus prioridades vitales y a la aceptación de unos sentimientos causados por una difícil relación con su padre.  Aquí es donde chocan lo infinito y lo íntimo o quizás uno sea el desencadenante del otro. 

Pero, además, hay que alabar la inteligencia y la maestría con la que James Gray teje semejante escenario. Porque no faltan dosificadas pero constantes pinceladas de acción y suspense, que consiguen construir una narración con un ritmo admirable, con dos horas de metraje que se pasan volando gracias a ese sentimiento de incertidumbre que te alberga durante toda la proyección. 

Un discreta banda sonora juega también con el silencio total en momentos clave, así como la intensa gama cromática solo presente en ciertas escenas, la deshumanización de los escenarios según nos alejamos de la Tierra… No hay nada dejado al azar en esta inspirada producción, todo está calculado para producir el efecto deseado, acompañando al personaje de Pitt en su viaje hacia la liberación.

Brad Pitt Ad Astra

Pitt, productor de la cinta, es, desde luego, lo más flojo de una admirable película. Protagonista absoluto de Ad Astra, la cámara le sigue incansable, fijándose tercamente en su rostro, en su mirada, intentando desvelar cada uno de sus sentimientos. Pero, ¡ay!, mucho me temo que el señor Pitt no está a la altura de semejante proeza. Muy pocos actores pueden pasar tal examen con matrícula de honor, y claramente Brad Pitt no forma parte de ellos. No puedo dejar de pensar en lo que un intérprete de la talla de Joaquin Phoenix (actor fetiche de James Gray, por cierto) o Michael Fassbender, por citar un par de nombres, podrían haber construido. Como bien demuestran dos veteranos con muy buen hacer, Tommy Lee Jones y Donald Sutherland, que aprovechan sus escasos momentos de visibilidad para atrapar todas las miradas.

Afortunadamente, solo puedo celebrar todos y cada uno del resto de elementos que conforman esta Ad Astra, que está llamada a convertirse en otro clásico moderno de la ciencia ficción.

Lo mejor: el impresionante viaje hacia las entrañas de lo desconocido para encontrar lo más íntimo del alma humana

Lo peor: la interpretación de Pitt, no se encuentra a la altura, el veterano Donald Sutherland se lo come con patatas en los pocos minutos que se encuentra en pantalla. La voz en off, como en el caso de la versión original de Blade Runner, es totalmente prescindible

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