Amy: dolorosa fragilidad


Amy Winehouse revolucionó el mundo de la música con la publicación de su segundo álbum, el deslumbrante Back to black. Así fue como el mundo descubrió a una artista con un talento prodigioso, capaz de componer la letra y melodía del soberbio tema homónimo en tan solo 2 o 3 horas.

Un personaje que se escondía tras un peinado imposible y un maquillaje desproporcionado, y que engrosó la lista del tristemente famoso “Club 27”, el de aquellos músicos como Kurt Cobain, Jim Morrison, Janis Joplin o Jimi Hendrix, que abandonaron este mundo de manera tan turbulenta como habían vivido, a tan temprana edad.

Este desgarrador y fantástico documental, obra del director Asif Kapadia, reúne toda una serie de grabaciones íntimas y privadas, enlazadas con las letras de las composiciones de Winehouse, convirtiéndonos en testigos de una joven atormentada y desgraciada; que sufría por la indiferencia de sus padres y por su falta de afecto; con una falta de autoestima que la convertía en un ser vulnerable; demasiado sincera e incorrecta para estar en el punto de mira del circo mediático; y que encontró en las drogas y el alcohol la única manera de enterrar sus problemas.

Resulta casi indecoroso asomarse a momentos tan íntimos de la artista, que muestran a una joven tan frágil como inocente, para la que la música era una necesidad casi física; y penoso asistir a su declive, tanto físico como emocional, que terminó un día de julio de 2011 con su muerte.

La sorprendente transformación física de Amy Winehouse

Amy es una producción extraordinariamente emocional, que trata a su personaje principal con un cariño que traspasa la pantalla, pero que ni esconde ni rehúye de sus peores momentos, presentando a una artista tan excepcional como autodestructiva.

Incluso aquellos que la juzgamos con dureza por aparecer claramente drogada o borracha en un remedo de concierto, por ofrecer un lamentable espectáculo ante los que la admirábamos como artista o por tirar por la borda su envidiable talento podremos reencontrarnos con el ser humano que se encontraba detrás del mito, vulnerable y perdido, y que en ciertos momentos seguía reaccionando con el asombro y la inocencia propias de un niño.

Lo mejor: que la narración esté enlazada a través de las composiciones de Amy Winehouse, que intentan reflejar el estado de ánimo de la artista en sus diferentes fases.

Lo peor: asistir, de nuevo, atónitos a lo que claramente era crónica de una muerte anunciada.

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