Decepciones veraniegas (III): Brave (Indomable)

El caso de la nueva apuesta de Pixar, Brave (Indomable), no tiene nada que ver con las dos anteriores entradas (El caballero oscuro: la leyenda renace y Prometheus), y, sin embargo, también ha sido la tercera decepción del verano, aunque a otro nivel completamente distinto.

Soy una auténtica fan de las películas de Pixar, al menos de la mayoría, y creo innecesario comentar la gran revolución que supuso la aparición de Pixar para el cine de animación.

Si por algo destacan las producciones de Pixar, es por ofrecer un más que digno entretenimiento tanto a niños como a adultos. Y tened por seguro que eso no es nada fácil.

Pero, además, se arriesgan con historias originales, creando películas inolvidables, como la saga de Toy Story, donde los juguetes cobran vida en cuanto los humanos se dan la vuelta; Monstruos S.A., donde los monstruos que nos aterrorizan por la noche trabajan en una fábrica para aprovechar nuestros gritos; Los increíbles, donde una familia de superhéroes debe aprender a vivir sin sus poderes; Wall-E, una auténtica delicia en forma de homenaje al cine mudo y a genios como Chaplin; o su obra maestra, Up, donde descubrimos la bellísima historia de amor de un viejo cascarrabias.

No me gustó mucho la noticia de que los estudios Disney habían comprado Pixar, y esta nueva película, Brave, ha confirmado mis temores.

Sin duda, Brave es un film entretenido y divertido, además de mostrar una complejidad técnica asombrosa, especialmente en la roja y ensortijada melena de la protagonista, Merida, una princesa que se revela ante el destino que le tienen preparado sus padres.

El problema es que resulta más “Disney” de lo que debería. De hecho, ésta podría ser una producción filmada bajo el nombre Disney sin ningún problema, y de hecho hubiera sido más acertado.

Si bien las producciones de Disney han salido ganando con la designación de John Lasseter como director creativo de la compañía, por desgracia la filosofía conservadora y cursi de la compañía de Mickey Mouse ha “infectado” la última cinta de Pixar.

Así, la defensa a ultranza de la familia sobre cualquier otra cuestión se encuentra claramente presente en Brave, y nos hace temer que Pixar pierda sus señas de identidad en favor de la moralina típica de Disney.

Por supuesto, merece la pena ver esta cinta, que no deja de ser entretenida y divertida, pero supone una decepción comprobar que Pixar puede diluirse en el futuro por la influencia de la compañía Disney.

Esperemos que no sea así.

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