Día de lluvia en Nueva York: volver a casa

Al ver el último filme de Woody Allen uno tiene la misma sensación que la de entrar en un cómodo salón con chimenea cuando fuera hace frío y está lloviendo a cántaros. Dada su prolífica carrera y su rutina de estrenar nueva producción casi cada año, lo que ha pasado es que al final llevábamos viendo la misma película desde hace más de una década. Y sí, en esta Día de lluvia en Nueva York nada cambia, todo es familiar y conocido. Sí, todo nos suena a ya visto, pero Allen lo hace con tal elegancia, que ha conseguido crear una deliciosa comedia que merece mucho la pena disfrutar.

Ahora, su alter ego es el ubícuo Timothée Chalamet (Call me by your name), que realiza un trabajo perfecto con su personaje, entre neurótico y adorable, que consigue meterse al espectador en el bolsillo. Al que seguimos en una bonita historia de amor (y desamor), mientras acompaña a su novia, Elle Fanning (The neon demon), en su estancia en la gran manzana.

Los protagonistas, como ya es habitual en Allen, cruzarán sus caminos con una serie de personajes (muy bien interpretados por Jude Law, Liev Schreiber, Rebecca Hall, Diego Luna, Selena Gómez y Cherry Jones), que cambiarán su relación de pareja para siempre.

Divertida y dinámica, como ya es marca de la casa, una de las cosas que más destacan de esta producción son esos diálogos rápidos, acerados, irónicos y muy divertidos. Y, aunque tenga algún altibajo, el filme se pasa volando y deja tan buen sabor de boca como volver a casa tras una larga ausencia.

Día de lluvia en Nueva York

Allen vuelve siempre a sus temas fetiche, sí, pero aquí le acompañamos con gusto en esa disección de las relaciones, ya sean sentimentales o familiares, con su amada Nueva York de fondo. Aquí, además, se hace muy patente la nostalgia que impregna toda la producción. Nostalgia por todas las cosas que ama Allen, por otros tiempos, quizás más sencillos, por la música que siempre ha sido la segunda pasión del director y por su adorada ciudad.

Quizás no sea el ejemplo del mejor Allen (creo que esos tiempos ya pasaron), pero sí se trata de una buena película, alegre, ligera, donde reconciliarse con el amor (a una persona, pero también a su icónica ciudad), mientras se sueltan unas buenas carcajadas.

Lo mejor: Timothée Chalamet está espléndido como alter ego de Allen; los divertidos diálogos tan tópicos del realizador neoyorquino.

Lo peor: Que casi no llega a estrenarse. El final es bastante predecible, aunque funciona. El personaje de Elle Fanning, que está encantadora, es el muy tópico de la rubia tonta.

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