Diamantes en bruto: el perdedor

Lo primero es aclarar que, en Diamantes en bruto, la cuestión no va de diamantes, pero es lo que pasa cuando no se traducen bien los títulos (Uncut Gems). Gemas aparte, de lo que trata esta producción, estrenada en Netflix, es de la vida de un perdedor de libro. Un hombre judío, que se dedica a la joyería, que, debido a sus constantes malas decisiones, a su adicción a las apuestas y a un poco de mala suerte, se encuentra en graves problemas que no dejan de crecer como si de una bola de nieve se tratase. Un hombre encarnado por un sorprendente Adam Sandler, que no solo se aleja de las comedias simplonas a las que nos tiene acostumbrados, si no que realiza un espléndido trabajo en la piel de este jugador desesperado y autodestructivo. Y esa desesperación nos la transmiten los hermanos Benny y John Safdie, responsables de la dirección del filme. Con una ágil puesta en escena, que no deja respiro al espectador, escenas con un ritmo narrativo endiablado y un guion lleno de diálogos a velocidad de vértigo, que transmiten auténtica angustia. Sí, porque avisado quedas que este filme resulta estresante de ver, pero eso no es óbice para que Diamantes en bruto sea uno de los mejores ejemplos de buen cine. Cine de mafiosos, sí, aunque estos sean judíos en vez de italianos.
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El tipo de cine que se te agarra a las entrañas, que te retuerce por dentro y que te hace sufrir por el protagonista, a pesar de ser también un soberano imbécil de libro. Pero la empatía es inevitable, y creo que gran parte de la culpa la tiene la sorprendente actuación de Adam Sandler, que rompe aquí todos los prejuicios que podamos tener sobre su capacidad interpretativa. En resumen, un exponente, moderno y actualizado, de cine negro, con unos personajes que, dentro de los tópicos del género, intentan diferenciarse de estos para ofrecer un filme casi angustioso de ver, pero de una calidad excepcional.

Lo mejor: ¿cuándo se ha convertido Adam Sandler en un gran actor? Cada vez reniego más de los premios, y el hecho de que no esté nominado en todos los certámenes me da la razón.

Lo peor: es una gran película, que no me cansaré de recomendar, pero descoloca el estrés que provoca su visionado.

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