El ciudadano ilustre: el hijo pródigo 

La propuesta argentina, codirigida por Gastón Duprat y Mariano Cohn, de El ciudadano ilustre nos muestra a un escritor, Daniel Mantovani, desencantado consigo mismo y con sus logros, a pesar de ser un artista laureado y reconocido por todos, que incluso ha conseguido el máximo galardón, el Nobel de Literatura.

Pese a recibir todo tipo de importantes compromisos, Daniel, interpretado por un estupendo Óscar Martínez, decide aceptar una invitación de su pueblo natal, que abandonó hace 40 años, para recibir su condecoración como ciudadano ilustre. Y aquí se basa esta comedia dramática, en mostrar el contraste entre el hombre de mundo, triunfador, que vive rodeado de lujos, y su vuelta a un ínfimo pueblo rural de Argentina, al que considera lleno de brutos ignorantes.

A lo Doctor en Alaska, veremos su reencuentro con conocidos, viejos amigos y hasta un antiguo amor, mientras se satiriza sobre lo que se considera arte o hasta cultura.

Como parte de la sección oficial de la pasada Seminci, en su día escribí que se trataba de una comedia demasiado amable e incluso blanda para lo que es este festival, a pesar de que sin duda es una propuesta muy agradable, que se disfruta por su sencillez, y que quizás le faltara un humor mucho más ácido e incisivo para llegar a optar a cualquier tipo de galardón, pero no podía estar más equivocada. El ciudadano ilustre se alzó con la Espiga de Plata y el premio Miguel Delibes al mejor guion en la última edición de la Semana Internacional de Cine de Valladolid.

Lo mejor: una comedia dramática muy agradable de ver.

Lo peor: la ausencia de un humor mucho más incisivo.

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