El gran hotel Budapest: fantástica excentricidad

Creo que el director Wes Anderson es una de esas personas que dejan su rastro, su huella y su olor en todo lo que hacen. Alguien que si bien conoce las posibilidades del medio, las utilizará a su favor para contar su propia versión de las cosas.

Anderson nos presenta a un peculiar personaje, a dos peculiares personajes de hecho, uno de los cuales lega su historia años después a un escritor que no sabía sobre qué escribir. Y es este escritor, años después, la voz en off de su propio libro leído por una muchacha.

¿Quién nos cuenta la historia entonces? ¿Está Anderson poniendo en duda la objetivad al pasar la historia por tantas voces? Quizás solo sea una manera de hacernos partícipes de ella. O solo se está divirtiendo, quién sabe.

Fueron descritos tal como los relato, de un modo totalmente inesperado”, ahí queda.

Si bien los hechos desde luego son inesperados, lo verdaderamente inusual es su forma de contarlos:

Presenta un escenario común (particular, curioso, casi onírico) El Gran Hotel Budapest, el eje que une a todas las voces de la historia. Corren los años treinta.

En este escenario, Anderson convierte los hechos cotidianos en asombrosos. Sus personajes se definen a sí mismos por sus manías y sus debilidades, no se justifican. Llevadas a lo absurdo, resultan  terriblemente humanas.

Los hechos. El robo de una obra de arte, una acusación de asesinato, una herencia, un misterio, se muestran como una sucesión de casualidades y causalidades un tanto surrealistas, pero que, entre ellas, simplemente encajan.

Anderson lo consigue magníficamente y de una forma muy estudiada, como se puede apreciar en el film: los gestos, los diálogos y la cámara consiguen un efecto de ritmo de una forma muy visual (en algunas secuencias no he podido evitar pensar en el slapstick).

Hago un pequeño inciso en la fotografía, porque me ha parecido realmente acertada, e invito al espectador y al lector a que pausen la película en el momento que se antoje, pues siempre obtendrán en su pantalla una fotografía. Quiero decir una fotografía pensada y trabajada. Hablo de estética, de composición, de color y de simetría. De hecho son los personajes los que se mueven por la fotografía (es curioso, pues el formato 16×9, el más usual en las fotografías, se mantiene en todo momento y es la ventana por la que se cuenta la historia, como si se contemplara una fotografía que habla por sí misma).

No quiero dejar en el tintero la brillante actuación de Ralph Fiennes, que en opinión de una servidora merece más que un aplauso por dar vida a un personaje tan particular que mueve y dirige toda la película. También una atención al escabroso personaje de Willem Dafoe. Tétrico y fantástico.

Para terminar, un detalle a propósito de Mr. Gustave, ese intrincado personaje repleto de ironías:

Sinceramente, creo que su mundo desapareció mucho antes de que él llegara, pero debo decir que mantenía la ilusión con una magnífica elegancia”.

Divertida y elegante, desborda humanidad desde la burbuja de lo excéntrico. Fantástico Anderson.

One Comment on “El gran hotel Budapest: fantástica excentricidad”

  1. hola Isabel
    Sin duda, Wes Anderson en un cineasta de lo más peculiar, que efectivamente es capaz de crear su propio mundo dentro de cada una de sus producciones. No es lo mejor que he visto de él, me quedo con Moonrise Kingdom, pero El gran hotel Budapest es un original y muy surrealista propuesta.
    Yo también quiero destacar a todo el reparto, de auténtico lujo, muy especialmente a Ralph Fiennes, que hace una interpretación maravillosa. Es una vergüenza que no esté nominado a mejor actor en los Oscar.
    Beatriz

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.