Fuerza mayor: un pulso a la familia

Fuerza mayor es una muy interesante producción sueca, dirigida y escrita por Ruben Östlund, sobre un hecho anecdótico que sacude los cimientos de una familia durante unas vacaciones de esquí.

Una familia viaja a Francia para pasar unos días en una estación de esquí. Mientras se encuentran en el restaurante de una de las pistas, una avalancha controlada desata el pánico en el establecimiento, cuando parece que la nieve, sin control, va a tragarse el restaurante, envolviendo a todos en una nube de polvo blanco. En ese momento, Ebba, la madre, corre a proteger a sus dos hijos, mientras espera la ayuda de su esposo, Tomas. Ayuda que no llegará, ya que Tomas reacciona alejándose del lugar a la carrera, dejando solos ante el supuesto peligro a toda su familia.

Lo que en principio podría ser una anécdota que contar a la vuelta de las vacaciones, desvela los conflictos profundos que se esconden tras la fachada de una familia feliz. Ya desde el primer momento nos damos cuenta de que el matrimonio se encuentra en plena crisis, seguramente debido al exceso celo por el trabajo del padre de familia, que descuida a su familia.

También saca a la luz el mayor miedo de la madre: el abandono. Esta situación extrema demuestra que su mujer e hijos no son la máxima prioridad del padre, dejando a su familia en una situación de indefensión inmensa, no sólo física, sino emocional.

Todos estos problemas se agudizan, además, cuando Tomas se niega a admitir lo ocurrido o siquiera a hablar del tema. Por ello, Fuerza mayor nos muestra, durante sus dos horas de metraje, la profunda crisis que debe afrontar este matrimonio, todos los conflictos y miedos que se encontraban convenientemente enterrados, latentes hasta que un inesperado suceso los saca a la luz.

Los intérpretes (Johannes Kuhnke, como Tomas; Lisa Loven Kongsli, como Ebba; y Kristofer Hivju y Fanni Metelius, como una pareja amiga) están estupendos en sus respectivos papeles, aportando verosimilitud a unos personajes muy reales y cotidianos.

Lo mejor: la sensación de claustrofobia y amenaza que provoca el ruido incesante de las avalanchas controladas.

Lo peor: el estúpido título español, cuando la literal traducción del original, Turist, tiene mucho más sentido, sabiendo que la mayor parte de las separaciones de pareja ocurre durante las vacaciones.

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