Hermosa juventud: cruda realidad

Hermosa juventud es un drama social casi documental donde se nos muestra la vida de Carlos y Natalia, dos jóvenes españoles cuyos sueños y esperanzas no han sido truncados porque en ningún momento tuvieron la oportunidad de existir.

Hermosa juventud esconde tras su título más que irónico un cubo de agua helada que se deja caer sobre un público más que mojado, sobre un país hundido y desesperanzado, cuyos protagonistas podrían estar sentados perfectamente detrás de tu butaca.

 

Hermosa juventud no nos va a mostrar metáforas, no nos va a mostrar poesía ni falsas ilusiones, Jaime Rosales desarrolla una realidad triste y descarnada que ha olvidado la pedantería y los decorados petulantes. Jaime Rosales ha hecho de la realidad una ficción palpable y propia, Hermosa juventud no es una película, es la vida de tu vecino o de la hermana de tu amiga de toda la vida, Hermosa juventud es el ahora.

Hermosa juventud nace del s. XXI, nos habla de las nuevas formas de comunicación, las redes sociales, el amor, la amistad vista hoy por hoy, el trabajo, la desesperanza, el ahogo, la prisión que se encuentra en tu propia habitación y que te aprisiona más que cualquier cuarto con barrotes, la sociedad, los sueños reales, esos sueños que no miran más allá del propio reflejo del espejo del baño.

Y será esta realidad tan cruda y gris la que compartamos junto con Natalia (Ingrid García Jonsson) que no sólo borda una interpretación brillante junto a su compañero Carlos (Carlos Rodríguez), sino que desarrolla a lo largo del filme una evolución desgarradora junto a su propio personaje, una evolución que va desde la adolescencia a la madurez, una madurez forzada, obligada y no deseada pero limpia, pura y transparente, tan transparente como la propia mirada de Ingrid, totalmente mimetizada en la piel de Natalia, una mirada tan real que no pudo dejar de estremecerme a lo largo de toda la película.

Lo realmente importante de esta película es que Jaime Rosales nos muestra la vida de una persona cualquiera, una vida supuestamente carente de interés, un personaje que a simple vista no nos importa ni nos conmueve,  alguien a quien vemos todos los días… pero él transforma esa vida en todo lo contrario, una ironía andante que convive con nosotros a dos pasos de nuestra felicidad, eso son Natalia y Carlos, al igual que el título de la película: pura ironía; ironía que choca en los ojos de cada espectador, recordándonos que esa realidad ficticia la podemos encontrar sin asistir a una sala de cine.

Lo mejor: la interpretación de Ingrid García Jonsson; que la narración nos deja ver la historia tal cual vemos en la realidad, nos convierte casi en protagonistas; y, como ya he destacado en la crítica, la gran dosis de realidad desesperanzada que transmite.

Lo peor: es un cine duro que te deja un regusto de desesperanza al finalizar.

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