Jojo Rabbit: El difícil tránsito entre la efectividad y la transcendencia

Siempre se ha dicho que, en el mundo de las artes escénicas, es más fácil hacer llorar que hacer reír. Estoy totalmente de acuerdo. El humor es algo tan subjetivo que tratar de hacer reír a la mayor parte de los espectadores que ven tu trabajo es inmensamente complicado. Sin embargo, el drama es algo más homogéneo. Todos coincidimos (o al menos la mayoría) en lo que nos provoca sentimientos de tristeza, de desasosiego o de nostalgia.

Además, hacer reír con el nazismo tiene una añadido de dificultad. Corres el riesgo de caer en lo ofensivo, en el mal gusto. Y para añadir más complejidad al asunto, hacer reír y llorar en un mismo metraje no es tarea sencilla.

El mérito de Jojo Rabbit es precisamente ese, lograr transmitir ambos sentimientos, fusionarlos de tal manera que no sabes por qué estás riendo y por qué estás llorando. Llorar con una secuencia intencionalmente cómica, reír con situaciones que deberían hacernos llorar.

El nazismo en el cine está muy trillado. Se han hecho todo tipo de películas sobre la Segunda Guerra Mundial, sobre la Alemania de la preguerra y específicamente sobre el nazismo. Taika Waititi no es un pionero en tratar de ridiculizar el nazismo y el fascismo. ¿Quién no recuerda El gran Dictador de Chaplin, To be or not to be de Alan Johnson, o por supuesto La vida es Bella de Benigni?

Pero sí, debemos reconocerle el mérito de ser original a la hora de plantear esa ridiculización. El guion, del propio Waititi, es una adaptación de la novela de Christine Leunens, El cielo enjaulado. En esta cinta, el propio director no encarna a Hitler exactamente, sino al Hitler amigo imaginario de un niño fan “del bueno” de Adolf.

El absurdo de una ideología basada en el odio al diferente se pone de manifiesto en la cinta con situaciones cómicas a la par que sencillas, que si lo pensamos se acercan a lo que ocurría en la realidad donde, sin embargo, no tenían ni un ápice de graciosas.

El reparto, en líneas generales, hace un buen trabajo. No estamos ante interpretaciones magistrales, pero sí efectivas.

El propio realizador (Hitler imaginario) participa en el filme y logra su propósito con la interpretación. Tenía difícil el reto de encarnar al dictador después de tantos maestros del cine que lo han hecho (Chaplin, Bruno Ganz, Martin Wuttke, etc.). Pero sobre todo tenía difícil hacer reír con un personaje que despierta tanto desprecio, y debemos decir que lo logra.

El pequeño protagonista, Roman Griffin Davis, en su primera participación delante de la cámara, está más que cumplidor. Sorprende su madurez interpretativa.

No tuvo Scarlett Johanson dificultad para destacar entre todo el elenco, pues, como siempre, su presencia en cualquier trabajo no pasa desapercibida, sin ser ni de lejos la mejor interpretación de su carrera.

Conviene también destacar el trabajo del experimentado Sam Rockwell que, junto a “la Johanson”, destaca en una película que no pasará a la historia por su dificultad desde el punto de vista interpretativo.

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El guion podemos tildarlo de sencillo. No es un alarde de genialidad y, sin embargo, es efectivo en lo que Waititi perseguía.

Entonces ¿dónde reside el éxito de esta cinta? Pues precisamente en esa narración sencilla pero efectiva, sobre un tema nada sencillo y con el que era fácil haberla fastidiado.

El director neozelandés está acostumbrado a la comedia satírica y a los guiones ligeros. Ha dirigido principalmente comedias (Lo que hacemos en las sombras), series televisivas y saltó al panorama comercial al dirigir uno de los títulos de Marvel (Thor: Ragnarok). Por cierto el director está en este momento ultimando el rodaje de la siguiente de la saga.

Con Jojo Rabbit deja al menos la ligereza temática de sus últimos títulos. Se enfrenta a un tema complejo y logra estar a la altura con una comedia divertida y nada pretenciosa.

Es sin duda un título recomendable y que destaca en el panorama cada vez más lleno de títulos intrascendentes. Aunque la pregunta es, entre tantas películas sobre esta etapa de la historia y cuando pensemos dentro de unos años sobre cintas de esta temática ¿Jojo Rabbit estará entre las que se nos vengan a la mente?

Lo mejor: ese mix de sentimientos que te provoca y esa manera tan efectiva de desmontar esta letal ideología.

Lo peor: por momentos tira demasiado de referencias no logrando convertirse en referencia en sí misma.

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