La vida de Pi: érase una vez un náufrago en el Pacífico…

El director taiwanés Ang Lee es uno de los directores más versátiles de la historia del cine. Desde sus inicios, con las estupendas El banquete de bodas y Comer, beber, amar, Lee dejó claro su talento para contar historias.

Por ello, no sorprendió a nadie que diera el salto al cine occidental, con una apuesta nada fácil: una versión de un clásico de Jane Austen, la quinta esencia de la novela decimonónica inglesa, en la magnífica Sentido y sensibilidad. Crítica y público se sorprendieron de que un taiwanés pudiera recrear de manera tan precisa la sociedad inglesa de finales del siglo XVIII y principios del XIX.

Dos años después, Lee se atrevió con una acerada crítica de la sociedad estadounidense de los 70 en la estupenda La tormenta de hielo. Después llegarían su particular versión de las películas de artes marciales con Tigre y Dragón; y su adaptación de una preciosa historia de amor homosexual en Brokeback Mountain.

Por ello, Lee ya no tiene que demostrar su talento a nadie, ya lo ha dejado bien claro con un puñado de grandes películas, y de nuevo ha optado por sorprender a todos con la adaptación de una novela supuestamente no adaptable a la gran pantalla: Life of Pi, de Yann Martel.

La vida de Pi, de Ang Lee, es una fábula deliciosa, un bello cuento trasladado a imágenes sorprendentes, con una factura visual fascinante. El espectador tan solo debe sentarse cómodamente en la butaca y dejar que Lee le cuente este bonito cuento, mientras disfruta de unas imágenes maravillosas.

El propio protagonista, el Pi del título, le narra una asombrosa historia a un escritor en busca de argumento para su nuevo libro. De cómo se crió en un Zoo, propiedad de su padre, en India; del naufragio del barco que trasladaba a su familia a Canadá, y del que él fue el único superviviente, teniendo que compartir su bote salvavidas con un temible tigre de bengala.

Así, al mismo tiempo que el escritor, el espectador conocerá las aventuras y desventuras del joven Pi, primero en su India natal y, posteriormente, en una situación extrema de supervivencia.

En definitiva, una bonita historia, en la mejor tradición de los cuentos, con una factura visual fascinante, más propia del mundo de los sueños, que le proporciona el ambiente adecuado a esta bella fábula de un chico y un tigre perdidos en medio del océano.

Lo mejor: la fábula, la factura visual de la película y los efectos especiales, que consiguen que un tigre generado de manera digital por ordenador parezca terriblemente real.

Lo peor: que el argumento, un chico y un tigre solos en el Pacífico, espante a espectadores poco dados a arriesgarse con historias diferentes.

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