Lincoln: crónica de un ideal

La última película de Steven Spielberg como director se centra en el proceso de aprobación de la decimotercera enmienda a la Constitución de los EE.UU., presentada a instancia del presidente Lincoln, y que supondría la abolición de la esclavitud.

No se trata, pues, de un biopic al uso, ya que elude mostrarnos la completa biografía del decimosexto presidente de EE.UU., para dirigir nuestra atención hacia la lucha, dialéctica, de un hombre por conseguir hacer realidad un ideal: la igualdad entre blancos y negros.

Todo ello con el transfondo de la Guerra de Secesión, de la que apenas se ocupa Spielberg, ya que lo fundamental de su propuesta son las ideas y la batalla de voluntades entre un hombre, resuelto y decidido a lograr el fin de la esclavitud, y el resto de integrantes del gobierno y de la cámara de representantes, decididos a impedírselo.

Esta Lincoln es una concienzuda crónica política de los intentos obstinados de este hombre por sacar adelante la votación de la enmienda, aún a costa de recurrir a sobornos y otro tipo de artimañas nada legales y poco éticas.

La escrupulosa reconstrucción del proceso político y sus participantes puede resultar abrumadora para cierto público, pero es fascinante asistir al debate de este Lincoln, tenaz en su resolución de lograr su ideal, contra todos los obstáculos que se presentan en su camino.

Un presidente obstinado en sus creencias, cansado y abrumado a veces, que, a pesar de convertirse en leyenda, se nos presenta como un hombre normal, con problemas familiares y en conflicto con su esposa y su hijo mayor.

Con todo, lo mejor de esta gran película es la fascinante e inmensa actuación de un actor inconmensurable, un Daniel Day-Lewis que desaparece completamente para convertirse en su personaje, en una lección de interpretación digna de estudio en las escuelas de actuación. El resto de intérpretes de esta película coral (David Strathairn, Sally Field, James Spader, Hal Holbrook, etc) están fantásticos, conjuntando perfectamente la gran actuación de Day-Lewis. A destacar también la espléndida fotografía, inspirada en ocasiones en ciertas corrientes pictóricas.

Por otra parte, lo peor de esta cinta lo encontramos en una banda sonora enfática, que intenta subrayar, de manera poco sutil, los momentos más intensos para conmover a la audiencia, y que es también el talón de Aquiles de Spielberg como director.

Lo mejor: la inconmensurable actuación de uno de los mejores actores de la historia del cine: Daniel Day-Lewis, y las anécdotas que cuenta su personaje para explicar su modo de entender el mundo.

Lo peor: la banda sonora, los intentos de conmover al espectador a toda costa y los últimos minutos de la película, totalmente innecesarios.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.