Vikings: Los vikingos son de izquierdas

Si tienes un grupo de música, te aseguras el éxito de tu concierto gritando “Sexo, drogas y rock and roll”. Si eres productor de series, te aseguras la audiencia con un aviso nada más dar al play: “This program contains violent scenes and some sexual content that is not suitable for younger viewers”. Como poner un chupa-chups al alcance de un niño y decirle que no lo coja. Es el as en la manga y el caballo ganador, todo a un tiempo. Si, además de sexo y violencia, le añades los espinosos temas de la religión y la política, un par de protas que están para mojar pan (hombres y mujeres, para todos los gustos) y un fondo histórico que siempre hace al espectador sentirse mejor consigo mismo, ya son tuyos.

En Vikings lo han hecho bien: un tío con trenza (se ve que las coletas y las trenzas están súper de moda) que desafía al poder político imperante, es decir, a un conde viejete que lo controla todo todito: ganado, ley, hombres y barcos. El tío con trenza, que cada vez que abre la boca parece que seduce al espectador aunque hable del solazo que pega hoy, quiere navegar hacia el oeste (en el mapa, el oeste está a la izquierda, nota), mientras que el conde conservador arre que arre que no, que hay que ir al este, que la izquierda es el mal. Pues el tío con trenza, que tiene un nombre de agárrate que te seduzco, Ragnar Lodbrok, se coge a unos cuantos, crea sus círculos y les dice: “Hermanos, Podemos navegar al Oeste”. Y más chulo que un ocho, habla con su amigo el constructor, que hace un barco súper guay y se van todos al Oeste a matar cristianos ingleses. Menos a un curita, que se lo trae Ragnar como rehén y esclavo y se hacen amigos, porque el guionista decidió que el curita tenía que hablar la lengua de los vikingos, si no, no había juego ninguno.

Y bueno, Ragnar resulta que tiene una mujer que es una guerrera de la leche, dos hijos muy majetes y un hermano un poco bipolar, pero al que se le acaba cogiendo cariño, porque es de estos “buenosmalos” que dan un juego bestial. Y el curita, que mola, porque es el único que ve a los vikingos como los vemos nosotros, con todos nuestros prejuicios católicos marcados a fuego en la piel, pero que poco a poco va abriéndose a una vida de pecado entre los paganos, que si setas por aquí, que si una chavalita que me mira por allá, el curita acaba convirtiéndose en un tío molón. He de decir que gana puntos cuando le crece el pelo y deja de tener esa calva a lo fray Tuck.

Y que yo qué sé. Es muy cierto eso de que la fidelidad histórica hace a uno sentir que no está perdiendo el tiempo, como cuando, pongamos por caso, nos pasamos nueve años viendo a un tío contarle a sus críos cómo conoció a su madre (pero, eh, ¿y lo que nos hemos reído?). A eso le sumamos, lo dicho, que si muchos dioses, que si mucho sexo, que si mucha sangre… Suena muy a Juego de Tronos, pero ya les molaba a ellos tener a Clive Standen en el papel de Jaime Lannister, porque Rollo (el hermano bipolar) da un juego con su ambigüedad que nos deja a todos locos. Y ya les molaba tener a Katheryn Winnick (la mujer). En cualquier papel. Porque la tía se las trae. Y punto. Así que os digo, simple y llanamente, que la veáis, que está toda chula, confiando en que con esta frase final The History Channel no me denunciará por injurias, que en el fondo soy muy maja.

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