Mad Max: Fury Road, o cómo cabrear a Michael Bay


Si erais de los que teníais orgasmos no fingidos con las conversaciones extensas a dos bandas o a diez de Aaron Sorkin, esta no es vuestra película. Si erais de los que os poníais a subrayar lo más importante del libro de Historia y acababais subrayando los pie de foto, los números de página y al perro, esta no es vuestra película. Si erais de los que pensabais que Michael Bay era el mejor filmando explosiones y persecuciones que rompen muchas cosas que luego explotan, esta no es vuestra película. Si sois Michael Bay, ooohhh, entonces esta sí que no es vuestra película. O sí, lo que significaría que este primer párrafo es una chufa introductoria. Pero con sentido. Me explico.

Mad Max: Fury Road es un cénit blockbusteriano. No habrás visto nada igual en la gran pantalla. Cada plano, cada (larguérrima) secuencia, está pensada, rodada y montada con un savoir faire alfarero. Porque George Miller consigue hacer una película muy sucia, pero con unas manos que denotan artesanía cinematográfica a raudales. Probablemente, este señor haya cambiado el concepto de cine palomitero por segunda vez en su vida (ya hizo las tres anteriores de Mad Max y yo no las he visto y a mí plín que duermo en Pikolin, pero es que también es el director de Happy Feet y de Babe, un cerdito en la ciudad, y ojito con esto). No, en serio y en resumidas cuentas: Mad Max es una experiencia fílmica inabarcable, que extasía al espectador puede que hasta de una forma peyorativa. Pero no te dejará en la cuneta. Tú formas parte de ese universo de podredumbre y arena y él te hace partícipe de lo que conlleva (sobre)vivir en él.

El nuevo disco de Alejandro Sanz se llama ‘Sirope’

Vamos a ir de menos a más, como las marchas, aunque yo no tengo carnet, pero esto a ustedes os la repanpinfla. El caso:

Primera marcha: La película tiene una fotografía tremebunda para ser una peli de acción (más que de acción, de persecución, porque las dos horas de metraje son una gran carrera por la supervivencia) que llega a hacer de un paraje inhóspito una musa aún más inhóspita. Es loable que lo que presumiblemente debiera ser árido, hediondo y mugriento conforme aquí una amalgama de cuidados detalles de diseño que no hacen sino introducirte en una historia a todas luces estúpida (pero consabidamente estúpida, lo que le da un aura de misticismo y una bacanal de ideas de entretenimiento que se agradece). Hay que entender que Mad Max no es sólo una distopía post-apocalíptica, sino una película de siempre, cuya trama es igualmente válida en un western, que en una de espías o en una de artes marciales. Una huida en un mundo que no conocemos y al que hemos de sumergirnos (o, más bien, nos sumergen). Si hasta hay un personaje que es un guitarrista lanzallamas que no aporta nada, pero que es molón y no desentona con el aire insano, loco y esperpéntico de la película. Es este de la foto y metemos la segunda.

Sus ídolos son Camarón y El Arrebato, y se nota.

Segunda marcha: La banda sonora es crucial para entender la película. Como es una cinta casi muda (que esto no os desanime, más bien au contraire), el uso de la música y del sonido es de una importancia suma. Cada chasquido, rugido de motor, cambio de pedales, corte o puñetazo lleva un estudio auricular que asusta. Es una estética sonora que engrana muy bien con la imagen: la preproducción tuvo que ser la polla en vinagreta. No por nada el dire se rodeó de un dibujante de novela gráfica para hacer el concept art previo al rodaje. Aunque él dijo que la película la vio entera en su mente hace 15 años en un vuelo, no sé para qué necesitaba concept art. Bueno, también dijo que su película se podría entender sin diálogos. No seré yo quien lo niegue. Tercera.

Tercera marcha: Porque apenas hay diálogos. Todo se basa en la imagen, el montaje y claro, unos actorazos. ¿Es un problema que se hable poco? Ni mucho menos. El que busque en Mad Max una razonamiento o raciocinio expreso en boca de los personajes es que no ha entendido la película en absoluto. Los personajes de Mad Max te han de dar igual todos y cada uno de ellos, porque en ese mundo no importa tu vida y, al introducirte el director en ese universo diegético, no puedes querer saber más de los personajes que lo justo. Es por ello que nuestra empatía por los personajes no se hace mínimamente palpable hasta casi el final final, en el último punto de giro podríamos decir, porque es entonces cuando todos los protagonistas de la cinta se han abierto al resto de sus acompañantes. Y eso eres tú, otro acompañante más de ese viaje infernal. Entra cuarta.

Gente en un plano random

Cuarta marcha: Y es que los personajes de Mad Max, aparte de tener los nombres más jodidamente cool de la historia del cine (Max Rockatansky, Inmortan Joe, Imperator Furiosa), son todos, en su máxima extensión, la rehostia. Allí la gente sabe de dos cosas: mecánica de coches y armas. Y con eso, ya puedes tirar para adelante. De hecho, el personaje más fuerte es el de Charlize Theron (Imperator Furiosa, a la que estoy casi seguro que le dedicaron esta canción). Pero como hay otros femeninos de menor enjundia, pues por lo visto ha habido polémica, porque cómo os gusta una polémica, sobre si deja en mal lugar a la mujer, que si somos feminazis y míranos, que si sois unos retrógrados y vete al cuerno y dimes y diretes varios. El caso es hablar de Mad Max, que es ese Tom Hardy que a cada papel que le veo llena más la pantalla. Y, cómo me estoy repitiendo, sin hablar siquiera, porque las contadas frases que hay en la película sólo remarcan lo imprescindible. Porque la película es un no parar y la quinta.

Quinta marcha: Y ese no parar es para quitarse el sombrero, si lo llevara puesto. George Miller ha hecho un clásico moderno, una película que es el súmmum del cine de persecución, del cine de verano y del cine como maniobra de escapismo. El montaje es para quitarse el sombrero por la tensión que acumula cada escena, por una sincronización perfecta de sonido, imagen e historia y ser consecuente con uno mismo. La película es una joya a cuatro ruedas, que escupe fuego y crea una experiencia cinematográfica que, con la confirmada secuela, no ha hecho más que quemar la primera de sus bujías. Pisa el acelerador.

De nuevo el guitarrista, pero ahora al lao de una explosión y con Tom Hardy en medio de un salto con pértiga.

 

Gasolina extra: La curiosidad de todo estriba en que la película lleva 15 años en la mente del dire, que primero quería hacerla con el original Mel Gibson y luego con el malogrado Heath Ledger. No creo que estuviese mejor. El mérito es de los especialistas. RRRRRUUUMM!!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.