Moonlight: las miradas del dolor

Moonlight es la historia de una vida, la de Chiron, en su niñez, adolescencia y madurez. Pero sobre todo es un relato sobre la identidad, personal y sexual, y la aceptación de uno mismo.

Para ello, el realizador Barry Jenkins divide el filme en tres actos:

  1. Little. Así es como apodan a Chiron, interpretado aquí por Alex Hibbert, un niño tímido y retraído, acosado por sus compañeros por el simple hecho de ser diferente. Con un padre ausente y una madre adicta al crack, el pequeño Chiron encontrará en el lugar más insospechado unas figuras paternas: Juan, un pequeño narcotraficante del barrio, interpretado por un estupendo Mahershala Ali, y su novia Teresa (Janelle Monáe).
  2. Black. Junto con la adolescencia, llega el despertar sexual, en un entorno en el que no está permitido la homosexualidad, Chiron (interpretado aquí por Ashton Sanders) sigue sufriendo el cada vez más violento acoso de sus compañeros.
  3. Chiron. Todas las experiencias de los dos primeros actos conforman la personalidad de nuestro protagonista en su edad adulta y  en lo que se ha convertido. Más importante, en esta parte final veremos si Chiron (Trevante Rhodes) finalmente puede ser él mismo.

El realizador persigue literalmente a sus personajes, con una cámara que nunca se aleja demasiado de ellos, sino que pretende capturar su alma en primeros planos, donde todo se desdibuja salvo unos actores que encarnan dolorosamente a unos seres humanos atrapados por las circunstancias.

Jenkins recuerda así a Steve McQueen (Shame, 12 años de esclavitud), que confía el peso de la historia en el talento expresivo de su reparto. Inolvidables son los ojos de los dos primeros protagonistas, capaces de expresar todo el dolor y desamparo en unas miradas que desarman.

Lo cierto es que todo el reparto hace un gran trabajo y, además de los mencionados niños, tanto Naomie Harris, como la madre drogadicta del protagonista, como muy especialmente Mahershala Ali, en el papel del traficante, realizan unas interpretaciones destacables.

De hecho, se echa mucho de menos al personaje de Ali, que solo aparece durante el primer acto, demasiado breve para un papel al que se podía haber sacado mucho más partido.

La parte negativa de este interesante drama es que termina, casi abruptamente, justo en el momento en que más vinculado se encuentra el espectador en la historia. Quizás en este caso los preliminares han sido demasiado largos, o será esa necesidad tan humana de encontrar un desenlace, en averiguar qué le depara el futuro a un personaje con el que es muy sencillo empatizar.

Personalmente, creo que Manchester frente al mar debería ser la producción que se alce con el preciado Oscar a Mejor Película, no solo frente a la favorita La ciudad de las estrellas: La la land, sino también sobre Moonlight, que a pesar de ser una buena y a veces fascinante propuesta, no me resulta lo mejor del año (si hablamos de Hollywood, por supuesto). No obstante, desde aquí te  recomendamos que no dejes pasar la ocasión de disfrutar con este poderoso e intenso drama.

Lo mejor: esos ojos y esas miradas de los jóvenes Alex Hibbert y Ashton Sanders; el papel de Mahershala Ali.

Lo peor: el filme tarda en encontrar el ritmo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.