Moonrise Kingdom: la genialidad de lo absurdo

En el mundo de Wes Anderson no existe lo que la mayoría de la gente considera como “normal”, afortunadamente. El genial director se mueve entre el humor del absurdo y el esperpento con una naturalidad desarmante.

Moonrise Kingdom es una deliciosa y surrealista comedia tan maravillosa que bien harían los médicos en recetar su visionado a sus atribulados pacientes. Porque es imposible visionar esta peculiar producción sin una permanente sonrisa en los labios y sin estallar en carcajadas, así como finalizar mucho más feliz de lo que ya eras hace hora y media.

Anderson nos cuenta en Moonrise Kingdom, siempre desde su particular visión, la deslumbrante historia de amor de dos preadolescentes inadaptados: un marginado boyscout y una problemática joven. Dos seres incomprendidos por el mundo que encuentran sentido el uno en el otro. Su decisión de huir juntos pondrá al resto de personajes tras su rastro, en una búsqueda contra reloj ante la llegada de una gran tormenta.

Las situaciones absurdamente cómicas se repiten sin descanso, apoyadas en unos personajes de lo más bizarro, en escenas típicas de la mejor “screwball comedy” (cuyo mayor exponente sería Con faldas y a lo loco) y en una desbordante puesta en escena.

La fotografía es aquí un personaje más, como en toda la obra de Anderson, un realizador llamativamente plástico, capaz de crear mundos alternativos con ayuda de la luz, los colores y un extravagante maquillaje que convierte a las rutilantes estrellas en seres de lo más ordinario.

Otra de las virtudes de Wes Anderson es su perfecta dirección de actores, que además sorprende por sus increíbles casting, plagados de estrellas en lo que se convierte en una comedia coral. Y aquí nos encontramos con Bill Murray y Francés McDormand como un aburrido matrimonio que no sabe cómo tratar a su problemática hija; a Bruce Willis como un gris policía con un corazón de oro; a un hilarante Edward Norton como un ridículo monitor de boyscouts que no deja de perder a su tropa; a Tilda Swinton como unos deshumanizados servicios sociales; A Bob Balaban como el curioso narrador; o a Harvey Keitel como un singular comandante de boyscouts. Y poniendo el broche de oro, los dos protagonistas: unos maravillosos Jared Gilman y Hara Hayward, como la joven pareja de enamorados. Todos y cada uno de ellos, así como el resto del elenco, están fantásticos en sus respectivos papeles, otorgando verosimilitud incluso a las escenas más esperpénticas o barrocas.

En el marco conservador de Hollywood, que solo apuesta por las fórmulas ya conocidas (y exitosas), Wes Anderson y su extravagante visión poética y melancólica suponen casi una rebeldía, la de la valentía por defender y y mostrar una refrescante originalidad dentro de un arte que demasiadas veces se ha convertido en un mero negocio. Es maravilloso poder descubrir en Anderson la figura del auténtico autor, que desafía el tedio de lo establecido, rompiendo normas para presentar su inaudito punto de vista; un creador con una imaginación desbordante y una inusitada visión del mundo, que hace de la originalidad y el absurdo su más reconocible bandera.

Lo mejor: el surrealismo que impregna sus escenas; la fantástica interpretación de todo el elenco de actores, sin excepción; la maravillosa banda sonora de Alexandre Desplat, el complemento perfecto de cada plano.

Lo peor: la falta de reconocimiento a joyas de este calibre, por “culpa” de su osada originalidad.

2 Comments on “Moonrise Kingdom: la genialidad de lo absurdo”

  1. Hola Beatriz

    Nada más se puede añadir a tu magnifico post sobre la cinta. Original, tanto en su planteamiento como en su puesta en escena, alocada, tremendamente surrealista y divertida, la película tiene un elenco actoral que lo borda, siendo imposible resaltar a un interprete por encima de los demás. Es impresionante el jugo que logra sacar Wes Anderson de cada uno de los actores, hasta de los que tienen un papel de apenas unas líneas, como es el caso de Harvey Keitel. Quizás, y solo porque últimamente es uno de mis actores fetiche, destacaría a Edward Norton, genial en su papel de jefe del grupo de boyscouts. ¡¡¡ Y todo esto lo consigue en 90 minutos !!!

    Es un verdadero delito que este director no haya conseguido ningún premio ni con esta cinta ni con Hotel Budapest, otra joya absurdamente ninguneada.

    Sin lugar a dudas, has clavado lo que esta cinta consigue: uno se siente mucho más feliz al terminar de ver Moonrise Kingdom. Y eso se agradece.

    Un saludo.

    1. Muchas gracias por el comentario, David. Sí, la verdad es que es una película tremendamente original y divertida. Totalmente de acuerdo en lo que dices, no obstante, recuerda que El gran Hotel Budapest obtuvo 4 Oscar, 1 Globo de Oro, 5 Bafta y otros galardones. Moonrise Kingdom obtuvo sobre todo premios de asociaciones de críticos. Pero bueno, ya sabes que la comedia no suele acaparar muchos premios. Además, ya sabes que los premios no siempre se dan a quien se lo merece. Nosotros nos quedaremos con el buen rato que nos hizo pasar.
      Beatriz

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