Nightcrawler: éxito o ética

Firme en su decisión de adentrar su carrera en proyectos de mayor calado cinematográfico, Jake Gyllenhaal se sumerge con un protagonismo absoluto en un antihéroe bastante particular, creando con sorprendente soltura un personaje que recordar con orgullo en su filmografía.

Precisamente este vil buscavidas será el engranaje principal de la película; con una actuación que apenas deja lugar a la crítica negativa, ya que pocas veces puede presenciarse una moderación, una sobriedad tan completa, de una personalidad histriónica. Para orientar al espectador, podríamos decir que nuestro protagonista no se pierde en extremos, como habrían hecho Nicolas Cage o Ryan Gosling, uno actuando de forma forzada y otro reprimiendo hasta el pestañear, respectivamente. Probablemente la evolución de este personaje sea la razón de ser de todo el guion, por lo que merece la pena no conocer dicha cuestión en profundidad de antemano.

Quizá el pilar argumental que se nos presenta puede parecer endeble o de poco interés, lo que se intenta solventar en gran medida con un trabajo de fotografía que se ocupa de transmitir cierta inquietud. La sensación de estar ante cualquier cosa menos una broma es constante.

Si bien hemos acogido con cariño el trabajo puramente visual y la interpretación principal, no podemos pasar por alto cuando Dan Gilroy —guionista, primerizo en la dirección y marido de una convincente Rene Russo en el papel de Nina— opta por crear situaciones inverosímiles, cuando menos. Resaltan en este sentido buena parte de las escenas que nuestro protagonista comparte con su compañero de trabajo, interpretado por Riz Ahmed, y al que parecen haberle tocado las escenas peor concebidas, tanto en la teoría como en la práctica. Esto último resulta especialmente sangrante si tenemos en cuenta que la relación que tienen ambos es absolutamente necesaria para el desarrollo del personaje principal.

El peligro de sus exageraciones es uno de los puntos débiles de Nightcrawler. Habrá a quien le cueste asimilar —y con razón— determinados momentos, que se tambalean entre lo creíble y lo desmedido. Por suerte, de nuevo, se intenta aplacar esta dolencia con una buena elección de planos, centrando las miradas en los detalles el tiempo únicamente necesario e incluso dejando entrever en lugar de mostrar —lo que hubiera terminado de saturar dichos momentos.

Cabe destacar que estamos ante una producción de bajo presupuesto, para las cifras que normalmente mueve el mercado norteamericano, por lo que el trabajo de diseño de producción ha debido ser envidiable. En definitiva, el acabado que transmite es el de una idea inusual llevada a cabo de forma muy sólida. Solamente el tiempo dirá si ha pasado demasiado desapercibida, por ejemplo, en cuestión de reconocimientos; recordemos su única nominación en los globos de oro, para Gyllenhaal, y otra en los Oscar por guion original, donde se irá también de vacío —el premio será para Birdman o Boyhood, salvo gran sorpresa.

Más allá de la posible cualidad de denuncia social hacia la televisión que suscita la trama, el interés de Nightcrawler reside en la simbiosis de un ambiente social propio del cine negro con un protagonista hecho a medida para tal ocasión. Un contexto donde el espectador llega a sentir cómo el drama sería la victoria de lo moral en detrimento del éxito personal.

Lo mejor: la interpretación de Jake Gyllenhaal, sin duda.

Lo peor: algunas partes de la historia están demasiado forzadas.

2 Comments on “Nightcrawler: éxito o ética”

  1. Buen comentario. A mí me encantó, pero es cierta la exageración que comentas. De todos modos, merecería mayor presencia en los Oscars (y, por mí, se llevaría el guion original, categoría en que no debes desestimar a El gran hotel Budapest tan pronto). Saludos.

    1. Muchas gracias por el comentario.

      Desestimo en parte a «El gran hotel Budapest» teniendo en cuenta los premios concedidos en galas previas, si por mí fuera tendría más opciones a guión original que, por ejemplo, «Boyhood».

      ¡Saludos!

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