Phoenix: lo que pudo ser

Nelly (Nina Hoss), una cantante de origen judío, consigue sobrevivir al horror del campo de Auschwitz tras el fin de la Segunda Guerra Mundial. Tras someterse a unas operaciones estéticas para reconstruir su desfigurado rostro, Nelly parte en busca de su marido (Ronald Zehrfeld), incluso con la sospecha de que fuera él quien la delató a los nazis. Tras encontrarle en el club que da título al filme, el mundo de la protagonista volverá a derrumbarse al constatar que su marido es incapaz de reconocerla, pese a su parecido, realizándole una inquietante propuesta: que se haga pasar por su fallecida esposa para cobrar la herencia de su acaudalada familia.

Phoenix, la última producción del alemán Christian Petzold, tiene dos problemas fundamentales:

Por una parte, cuesta aceptar que un hombre no reconozca a su esposa, por mucho que muestre un rostro distinto, a pesar de todas las señales en ese sentido. Por ejemplo, a pesar de la terrible experiencia que sufre la protagonista, su voz (fundamental en la resolución final) no ha variado; cuando realiza un intento por “falsificar” su propia firma, su marido constatará que la letra no es parecida, sino idéntica; así como ciertos comportamientos típicos de la mujer que él cree muerta, por no hablar del gran parecido con la supuesta fallecida.

Esto provoca que la propuesta no resulte del todo creíble y que cueste involucrarse en la historia.

Y por otra parte, los cinéfilos tendrán una recurrente sensación de dèjá vu, al encontrar ciertas similitudes con la premisa argumental de Vértigo.

Todo esto provoca que esta producción se quede en un quiero y no puedo. Y realmente es una lástima, porque el argumento resulta interesante; y uno termina con la sensación de que habría podido ser mucho más, que si se hubieran cuidado más ciertos detalles ésta habría sido una gran producción. Sin embargo, se queda en un filme con buenas intenciones, buenas ideas, pero que no consigue que el conjunto sea redondo.

Lo mejor: el duelo interno de la protagonista, con toda una serie de sentimientos enfrentados.

Lo peor: la falta de credibilidad y las similitudes con Vértigo, del genio del suspense Alfred Hitchcock.

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