Rams (el valle de los carneros): conexión con la naturaleza


Este año solo pudimos asistir durante 4 días a la Seminci, volvíamos a casa el martes a última hora, por lo que había que tomar una decisión: madrugar a las 7:30h de la mañana y poder ver Rams (el valle de los carneros) o renunciar a la proyección. Al final triunfó el amor al cine sobre la pereza, y asistimos al estreno del filme islandés en el teatro Calderón. Y el esfuerzo mereció la pena, ya que pudimos disfrutar de la ganadora de la Espiga de Oro de la 60 edición de la Seminci.

La producción del director Grímur Hákonarson es una tragicomedia que se centra en dos hermanos y vecinos (Sigurdur Sigurjónsson y Theodor Júlíusson), que no se dirigen la palabra desde hace 40 años, que deberán colaborar para salvar su modo de vida.

Orgullosos granjeros, sus carneros y ovejas son conocidas por su antiguo linaje y calidad. Ahora, una enfermedad infecciosa pondrá en peligro el método de subsistencia de todo el valle.

Los afortunados que hemos podido visitar Islandia somos conscientes de cómo la naturaleza salvaje del país condiciona la vida de sus pocos habitantes. Esto se hace evidente en el filme, viendo a los pocos vecinos que habitan el valle, aislados no solo del resto, sino también de ellos mismos; así como el efecto de un clima tan extremo en el día a día.

La naturaleza es casi un personaje más, y, pese a lo hostil que pueda resultar a veces, quizás lo más destacable es ver la naturalidad con la que el hombre se encuentra aquí en comunión con ella, no solo vive de ella, sino con ella.

Pero no te lleves una impresión equivocada, a pesar de las dificultades que atraviesan los personajes, no esperes encontrar un gran drama que muestre las duras condiciones de vida de estos granjeros. Uno de los grandes aciertos de este filme son las pinceladas de comedia que podemos encontrar durante toda la historia. Un sentido del humor de lo más refrescante, que quita dramatismo a gran parte de las escenas.

Hákonarson consigue que nos identifiquemos plenamente con el principal protagonista, y que como público suframos también por el destino de su rebaño; mientras asistimos extrañados a esos encuentros casi fratricidas entre los dos tercos hermanos.

Además, llama la atención la sencillez de la puesta en escena y la autenticidad que transmite el reparto.

Pero sin duda, lo que esta Rams pretende contarnos es que, a veces, una situación desfavorable puede desembocar en algo sorprendentemente positivo.

Lo mejor: el sentido del humor; y que, en tiempos de Transformers y Grandes Hermanos, alguien tenga la osadía de realizar una película de este tipo.

Lo peor: el final nos deja con ganas de saber más sobre el destino de humanos y ovinos.

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