Seminci: tres grandes películas y una tomadura de pelo 

La Semana Internacional de Cine de Valladolid no podría haber empezado mejor, primer filme: el esperado debut de Miguel del Arco como director. Para cualquier aficionado al teatro, Miguel del Arco no necesita presentación. Para los no tan aficionados a las tablas, baste decir que el señor del Arco despierta pasiones por igual tanto en crítica como público, por su valentía, casi osadía, originalidad e inmenso talento. De su genial visión han salido algunas de las obras más celebradas en los últimos años, y si, como desde aquí te recomiendo, quieres asistir a alguna de sus funciones, más vale que te des prisa, porque las entradas tienden a agotarse.

Las furias, de Miguel del Arco

  • Las furias 

Y así, el primer filme de la Seminci fue este Las furias, el debut como realizador del señor del Arco. Un interesantísimo e intenso drama, sobre las relaciones de una familia con muchísimos problemas que irán desvelándose a lo largo del metraje. Todos los miembros de esta peculiar familia terminarán enfrentándose unos a otros por viejas rencillas, mientras varios secretos van saliendo a la luz.

En un drama de personajes tan marcado es imprescindible contar con intérpretes de primera línea. Y eso es lo que ha hecho del Arco, rodeándose de algunos de sus colaboradores habituales y de grandes figuras del cine. Es maravilloso asistir a esa clase de interpretación que siempre nos ofrece José Sacristán, incluso sin apenas diálogos, al encarnar a un enfermo de Alzheimer que solo recuerda su pasado como actor teatral; o a la de Mercedes Sampietro, como una psicóloga que nunca ha sabido relacionarse con sus hijos y a los que no sabe enfrentarse; y a la de una inmensa Carmen Machi, como una mujer cargada de traumas e ira, que está a punto de perder todo lo que ama; o a la solidez de Gonzalo de Castro (queremos verle más en el cine) y a la naturalidad aplastante de Bárbara Lennie, con un logrado acento argentino.

La trama va evolucionando, creciendo según conocemos todos los problemas familiares de unos seres en su mayor parte infelices. La tensión aumenta según se revelan los secretos de los personajes, acabando en enfrentamientos hasta físicos, hasta encontrar la redención final. También hay que destacar que, pese a la larga duración del filme (un poco más de 2 horas), ésta no se acusa, gracias a la tensión emocional de la historia.

El único pero que puedo ponerle a esta producción es que algunos recursos simbólicos no terminan de funcionar como debieran. Por ello, quizás la parte más onírica de la película sea también la más endeble.

Lo mejor: constatar el talento de Miguel del Arco también en el séptimo arte, y las interpretaciones de la mayoría de los actores.

Lo peor: Macarena Sanz en su papel de María.

El clásico, Halkawt Mustafa

  • El clásico

Esta coproducción irakí/noruega, que fue presentada por su director, Halkawt Mustafa, es la producción seleccionada por Irak como candidata al Oscar a mejor película de habla no inglesa. Mimbres no le faltan para competir por el galardón, desde luego.

El clásico nos muestra a Alan y Shirwan, dos hermanos kurdos acomplejados por su enanismo. Alan tiene grandes sueños, casarse con la joven Gona y construir la mejor casa para su familia. Pero sus aspiraciones se verán frenadas por el padre de la joven, que no permite que su hija se despose con un enano. Alan emprenderá entonces un peligroso viaje hacia Madrid con su hermano, con el deseo de cumplir el sueño del posible suegro: entregar unos zapatos a Cristiano Ronaldo.

Esta es la excusa para hablar sobre la discriminación, el amor, los sueños y la situación en Irak. Lo mejor de este filme es que huye del victimismo, adoptando casi la fórmula de fábula. El clásico parece casi un cuento, que de manera pretendidamente casual, nos muestra la terrible situación de Irak hoy en día. Un entorno hostil que se ve superado por la voluntad del protagonista y su amor sin límites por su querida Gona.

Así, Mustafa conjuga la crítica social con la esperanza de una manera brillante, los peores momentos con pinceladas de humor y el terror con la voluntad humana. Un equilibrio nada fácil, que el realizador alcanza de manera genial.

Lo mejor: la prueba de que se puede hablar de cosas terribles con una visión esperanzadora.

Lo peor: si no consigue la nominación al Oscar, tiene muy difícil conseguir visibilidad internacional.

Hotel Dallas, de Sherng-Lee Huang y Livia Ungur.

  • Hotel Dallas

La rumana Hotel Dallas quiere ser una surrealista metáfora del choque entre capitalismo y comunismo, utilizando como parábola la exitosa emisión de la serie Dallas. Desde luego, surrealismo tiene a raudales, aunque en este caso no lo digo como algo positivo. De hecho, esta mezcla de documental con ficción ralla en el esperpento más absurdo. Y añado que no me sorprende que varios espectadores abandonaran la sala.

Este tipo de producciones tan arriesgadas pueden sembrar la duda de hasta qué punto son una tomadura de pelo, más que una genialidad artística. Yo desde luego me inclino en este caso por la primera opción.

El falso documental va saltando aleatoriamente de un tema a otro, teniendo a la supuesta serie Dallas como hilo conductor. El resultado es un batiburrillo de ideas sin conexión aparente, que caen en el sin sentido más absurdo.

Lo mejor: ciertos toques de humor surrealista.

Lo peor: sinceramente, no tiene ni pies ni cabeza.

El olivo, de Icíar Bollaín.
  • El olivo

Aunque el filme de Icíar Bollaín hace tiempo que se estrenó, fue una excelente idea el elegirla dentro de la sección de cine español. Alma (Anna Castillo) es una joven muy unida a su abuelo, que se encuentra ahora en la última etapa de su vida, enfermo de Alzheimer. Para recuperar al abuelo que recuerda de su niñez, Alma emprende un viaje abocado al fracaso junto con su tío (interpretado por Javier Gutiérrez) y uno de sus pretendientes (Pep Ambrós), para recuperar un olivo milenario.

El resultado es una aventura emocional, que habla de la pérdida y de los principios. Muy entretenida, a ratos divertida, es una historia sentimental, que nunca cae en la cursilería o en el recurso de la lágrima fácil. Una excelente propuesta que se ve reforzada por las buenas interpretaciones de la joven Anna Castillo y el veterano Javier Gutiérrez.

Lo mejor: una de las mejores versiones de Icíar Bollaín, conmoviendo sin artificios.

Lo peor: nada reseñable.

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