“Solo dios perdona”: imágenes vacías

Cuando Nicolas Winding Refn, director de la estupenda Drive, presentó Solo dios perdona en el Festival de Cannes, la crítica la recibió con abucheos. Aunque pueda parecer un gesto desproporcionado, uno puede entender perfectamente el motivo de dicha reacción tras visionar el último filme del realizador danés.

El ajuste de cuentas de un pederasta, violador y asesino a manos del padre de su víctima, con la connivencia de un particular policía, desencadena una oleada de violencia y venganza en Bangkok. Ryan Gosling interpreta (es un decir) al hermano del primero, a la vez que regenta un local de lucha que sirve de tapadera para el tráfico de drogas. Mientras que Kristin Scott Thomas personifica, de manera fantástica, a una madre controladora y manipuladora, que, además de disculpar las acciones de su hijo muerto, buscará vengar su muerte hasta las últimas consecuencias.

La factura visual de este largometraje resulta brillante y hasta hipnótica, con unas imágenes poderosas, bellas, dignas de la mejor creación fotográfica, pero que no albergan ningún contenido. Winding Refn alarga de manera absurda los silencios, recreándose en imágenes casi de ensueño, envueltas siempre en un juego de luces y sombras, con toda una paleta de colores cálidos, donde destaca especialmente un intenso rojo que inunda la pantalla.

Pero el cine no puede ofrecer únicamente un conjunto de bellas imágenes, necesita también el desarrollo de una historia y unos personajes. Y aquí es donde falla, estrepitosamente, el director danés. Así, Sólo dios perdona se convierte en un bello envoltorio visual vacío de contenido. Con ínfulas de autor, Winding Refn se deleita, de manera bastante pretenciosa, en estas vacuas escenas y en marcar unos silencios insostenibles, que sólo aportan tedio al espectador.

Debido al escaso diálogo que tiene el personaje de Ryan Gosling, y vistas sus limitadísimas dotes interpretativas, casi se podría haber sustituido su aportación por la de un maniquí con su rostro, sin notar apenas la diferencia entre uno y otro. Al contrario que Kristin Scott Thomas, que borda el papel de esa madre excesiva, y que mantiene su elegancia natural bajo la encarnación tremendamente vulgar de su personaje.

Lo mejor: la brillante factura visual; la banda sonora, que enfatiza las partes más hipnóticas del filme; y la actuación de la siempre estupenda Kristin Scott Thomas.

Lo peor: el absurdo misticismo que rodea al personaje del policía, interpretado por Vithaya Pansringarm, que no es más que un vulgar torturador y asesino con placa; resulta un largometraje pretencioso y aburrido; y la (nula) interpretación de Ryan Gosling, más inexpresivo que nunca.

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