The disaster artist: este rodaje es un infierno 


Ya lo hizo Tim Burton con la maravillosa Ed Wood, contando la historia del que se considera como peor director de la historia del cine. Y repite James Franco, como director, productor y protagonista de The disaster artist, narrando la historia de la peor película, aunque también habría valido el peor realizador, el peor guionista y el peor actor, tanto da.

Y para ello se ha decidido por la comedia. Porque es sin duda la señal de identidad de este acercamiento a Tommy Wiseau, un auténtico personaje, tan bizarro que, si no estuviera (parece que bastante) fielmente basado en la realidad, nos parecería mentira. Y lo que ha conseguido es un divertido filme, bastante entretenido, que explota todas las rarezas de este peculiar “artista”.

Las peripecias de Tommy y su amigo Greg Sestero (interpretado por el hermano pequeño de Franco, Dave Franco), por conseguir su sueño de convertirse en actores en Los Ángeles, terminaron en el rodaje de una película (The Room), financiada y controlada por ese misterioso personaje, interpretado de manera perfecta por un James Franco tan polifacético que no sabemos si estaba intentando emular así al protagonista como guiño personal o que simplemente ha pensado que puede con todo ello. Y lo cierto es que así es. Porque esta The disaster artist resulta un buen filme, donde las risas están más que aseguradas.

Aquí se habla de las vanidades dentro de Hollywood, con mucha sátira, en casi el retrato de una obsesión de un hombre sin ningún tipo de talento, al que Franco se acerca con patente cariño. Como pega podríamos poner que depende demasiado de las extravagancias de su protagonista, por lo que, cuando desaparece la sorpresa de lo peculiar de su comportamiento, la producción acusa un poco la falta de ritmo. Pero nada de qué preocuparse, ya que sabe remontar muy bien para terminar en un final descacharrante.

El resto del reparto, repleto de caras conocidas (Seth Rogen, Josh Hutcherson, Sharon Stone, Melanie Griffith, Zac Efron, Alison Brie) está más que correcto, y me surge la duda de si la caracterización de Dave Franco, con esa peluca y esa barba tan cutres, es en realidad buscada (por demasiado evidente) como otro guiño de complicidad hacia esa desastrosa The Room.

Sea cual sea la intención de James Franco como realizador, lo cierto es que The disaster artist es un filme de lo más recomendable con el que se pasará un muy buen rato.

Lo mejor: la (inteligente) comicidad de una historia de lo más extraña y la exquisita fidelidad al personaje y su obra.

Lo peor: se trata de un buen filme, sin duda, pero le falta genialidad como para haber ganado un festival de cine.

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