The Gentlemen: Qué bueno es Guy Ritchie cuando es Guy Ritchie

Guy Ritchie [Lock and Stock (1998), Snatch: Cerdos y Diamantes (2000), RocknRolla (2008)] es de esos directores cuyos trabajos son 100% reconocibles. Sus películas siempre tienen su firma y eso es garantía al menos de diferenciarse en un mundo donde casi todos hacen lo mismo.

No todos los directores pueden decir eso. Es esa esencia lo que les ha hecho ser directores reconocidos y disponer de hordas de seguidores fieles que esperan ansiosos a sus nuevos trabajos para ser los primeros en poder degustarlos.

El director británico vuelve con The Gentlemen: los señores de la mafia a dar su mejor versión, una cinta cuya temática es la que mejor se le da, el turbio mundo de la mafia londinense, y con un recurso que siempre está presente en sus trabajos, pues no le faltan pinceladas de comedia tan efectivas como necesarias para darle ese toque propio.

De nuevo con Londres como escenario, pero esta vez un Londres menos oscuro y menos icónico, Ritchie recurre a lo que siempre le ha funcionado para lograr un film divertido, trepidante y lleno de detalles.

¿Y qué es lo que se le da bien a Ritchie? Lo primero ya lo hemos dicho, la temática mafiosa. Lo segundo, ese toque cómico que quita hierro a lo trágico y a lo escabroso. Lo tercero, una narrativa muy efectista y contundente. Lo cuarto, recurrir a un círculo de actores de confianza.

Si al principio su actor fetiche fue Jason Statham (Snatch: Cerdos y Diamantes), ahora parece que coge el testigo Charlie Hunnam, que ya estuvo presente en su anterior trabajo, Rey Arturo: La leyenda de Excalibur (2017).

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Además de Hunnam (Sons of Anarchy, 2008) en esta cinta podemos disfrutar de un reparto magnífico que consigue hacer de la película de Ritchie un trabajo superior.

Matthew McConaughey (Dallas Buyers Club, 2013) sigue demostrando que ya poco queda de aquel guaperas que solo protagonizaba comedias románticas o títulos intrascendentes. Su trabajo es impecable encarnando a un verdadero gentleman.

Colin Farrell (Minority Report, 2002) es de esos actores que han ido perdiendo peso en el universo cinematográfico. Tuvo su punto álgido a principios de la primera década del siglo XXI, pero posteriormente, y salvo apariciones notables como en Cómo acabar con tu jefe (2011), no ha protagonizado actuaciones destacables. En The Gentlemen vuelve a recordarnos que debemos seguir teniéndole en cuenta.

Hugh Grant [Cuatro bodas y un funeral (1994), Love Actually (2003)] tenemos que reconocer que sorprende bastante, no porque no tenga experiencia suficiente para hacerlo bien, sino porque no está acostumbrado al tipo de películas de Ritchie y, sin embargo, se adapta a las necesidades de la cinta. No le bastaba con hacer lo que siempre había hecho en su carrera, sino encajar en este universo tan especial y lo logra sobradamente.

Por último, también merece mención Michelle Dockery (Downtown Abbey, 2010), cuya interpretación está a la altura de la de sus compañeros pese a no disponer de una carrera en cine tan extensa como ellos.

Por supuesto, la forma de narrar de Ritchie tiene gran parte de la culpa en el éxito de The Gentlemen. Una narrativa llena de artimañas que consiguen mantenernos pegados a la butaca y sin quitar la vista de la pantalla. Flashbacks, acciones relatadas por los personajes, efectos gráficos de postproducción y secuencias llenas de acción, persecuciones y tiroteos incluidos.

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El cuidado vestuario es un elemento también característico en las películas del británico, representando una extensión más de cada personaje, ayudándonos a comprender aún más a cada uno de ellos.

Y también la música es muy importante en los trabajos de Ritchie. En todos sus títulos juega un papel de peso y en The Gentlemen vuelve a ocurrir.

Por tanto, podemos decir que nos encontramos con el mejor Ritchie. Ese que cuida cada detalle de su obra, consigue no defraudar a sus adeptos y entretener a quienes conocen menos sus trabajos.

Pero es ese precisamente el pero que podemos sacarle. Ritchie no arriesga, sabe lo que le funciona y prefiere no experimentar. De hecho cuando lo ha hecho: Rey Arturo: La leyenda de Excallibur (2017) o Aladdin (2019) el resultado no ha sido del todo satisfactorio, con lo que ha preferido volver a lo que sabe hacer y muy bien.

Lo mejor: La forma de narrar de Ritchie hace que la cinta sea trepidante.

Lo peor: Ritchie no arriesga. No sale de su zona de confort. Va a lo seguro.

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